Según su madre, Ruperto ha triunfado porque nunca dejó de tener el arco frente a sus ojos. Sus amigos, en cambio creen que es de obstinado. Ahora sentado frente al arco, el protagonista de esta historia intentará dar alguna pista para ser una figura del futbolín.
Su carrera comenzó hace 15 años en un Taca Taca del balneario El Quisco, en un tacataca que sólo tenía siete medio campistas y una inclinación hacia el lado Sur. Entró como puntero derecho y en su primer partido anotó 17 goles. Ese mismo día, estaba el entrenador Jorge Chantete y lo descubrió. "Me ofreció jugar en un flipper del centro de Santiago", contó.

"Cuando lo ví, me di cuenta que Ruperto estaba para cosas mucho más grandes. Yo quería que escuchara un clanc! de verdad.", explicó el técnico.
Fue en la capital donde por primera vez Ruperto jugó con zapatos de goma. En el Quisco “era a fierro pelado no más”.
Ruperto recuerda que su mejor momento fue el Mundial de Munchensten, convirtiendo a nuestro país en campeón mundial. Sin embargo también representa un gran dolor para Vinagre. Después del mundial, su mujer lo abandonó, “por monótono”.
Fue durante esa temporada donde sucede loe que la prensa bautizó como "El chiclazo". A Ruperto le cuesta recordar este momento. "Todavía me despierto en las noches sintiendo ese olor a menta", explicó.
Sus compañeros tienen una excelente opinión de Vinagre. “El Ruperto dice que somos todos iguales”, cuenta su compañero de equipo.
En cuanto a sus proyectos, quiere terminar su temporada en el Real Mandril y finalizar la construcción de la ciudad deportiva llamada "Ruperto Vinagre: un sueño, una realidad", además de continuar con la realización del campeonato que lleva su nombre. "